Ley de Talles: por qué sigue siendo una deuda pendiente a un año de su promulgación

En el país, 7 de cada 10 personas tienen problemas a la hora de encontrar ropa en su talle. Quántica Radio habló con la comunicadora feminista, activista gorda y voluntaria de AnyBody Argentina Samanta Alonso sobre los motivos por los que la ansiada norma no se implementa.

Ya pasaron 394 días desde aquella jornada de felicidad para miles de consumidores y organizaciones que promueven la diversidad de los cuerpos en la que el Congreso aprobó la Ley Nacional de Talles. Y este viernes 18 de diciembre se cumple exactamente un año desde que se promulgó de hecho. Sin embargo, a pesar de las grandes expectativas, las prendas aún no tienen las medidas reales de los argentinos.

Resulta que la ansiada norma, que fue el resultado de una larga lucha frente a las dificultades de personas de todas las edades para encontrar ropa acorde a sus medidas, todavía no puede ser aplicada. La reglamentación no se hizo en el plazo estipulado de 6 meses y la pandemia de coronavirus frenó el estudio antropométrico que permitirá crear el un sistema de talles unificado por parte de la industria y salir así de la escala de talles únicos o estándar small, medium y large.

AnyBody Argentina viene luchando hace 8 años por esta Ley de Talles. De hecho, una de las cosas con las cuales nosotras fundamentamos esta ley es con nuestra Encuesta Nacional de Talles, que realizamos desde AnyBody todos los años para justamente tener una muestra de cuál es la problemática real. De ahí sacamos un montón de datos, como por ejemplo que 7 cada 10 personas en Argentina tienen o tuvieron problemas para encontrar talle. Así que obviamente para nosotros es una batalla ganada pero lamentablemente ahora sin la reglamentación es como que todavía estamos medio en la misma”, explica a Quántica Radio Samanta Alonso, comunicadora feminista, activista gorda y voluntaria de AnyBody Argentina, ONG que batalla por una moda sin estereotipos y el derecho a vestirse.

Los resultados de dicha encuesta este año arrojaron que “más del 80% de les encuestades afirma que siempre o frecuentemente encuentra prendas que querría comprar en ‘talle único’”; y un 56% coincidió en que el jean es la prenda más difícil de encontrar. En cuanto a los talles, para mujeres los más difíciles son el 48, 46, 44 y 50, en ese orden; y para los hombres, el 48, 46, 50 y 52. Más allá de los números que evidencian la clara dificultad que sufren muchísimas personas a la hora de encontrar ropa, el trabajo también revela el preocupante impacto a nivel social y psicológico de esta problemática: “una gran mayoría plantea como sentimiento más recurrente la tristeza al ver que su cuerpo no ‘encaja’ en la ropa que desea usar”; y casi la mitad sostiene que la dificultad para conseguir su talle les lleva a cuestionar su cuerpo. “Esto nos demuestra que les encuestades internalizan los sentimientos negativos que experimentan y que existe un elemento de culpa por no tener el ‘cuerpo correcto’”, sostienen desde la organización.

Hace años que sus Encuestas presentan resultados similares. El vestirse es un derecho, no un privilegio. Por eso la clara necesidad de esta ley que lleva el número 27.521, en cuyo artículo 12 establecía que el Poder Ejecutivo tenía un plazo de 180 días (6 meses) desde su promulgación para reglamentarla. Ese tiempo venció a mediados de este año, en pleno aislamiento obligatorio por la pandemia. La situación sanitaria también obstaculizó la continuidad del primer estudio antropométrico que el Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) comenzó a realizar en 2014 y que es clave para la implementación de la ley. Mide los cuerpos de unas 13 mil personas, de 12 a 65 años, de cinco regiones del país y hasta el momento se completó en un 55%.

Lo primero que hay que hacer es justamente terminar con el estudio antropométrico de cuerpos, que claramente en este contexto de pandemia no es prioridad. Y sobre todo por lo complejo que es realizar este censo de cuerpos a lo largo del territorio argentino. ¿Por qué? Porque se hace con un escáner, que tenemos en Argentina uno solo. Ir trasladándolo y demás en un contexto postpandémico es complicado. Si bien se pueden ir laburando otros puntos de la ley a la par de este estudio que todavía no está terminado, la realidad es que no hay mucha información al respecto ni cómo van a ser las cosas el año que viene”, asegura Samanta, quien además dirige la agencia y escuela de modelxs Plusdollsagency y genera contenidos para combatir y visibilizar la violencia que sufren los cuerpos gordos en nuestra sociedad en Instagram, donde tiene más de 23 mil seguidores. Y continuó: “Entendiendo que ya pasó un año de la aprobación de la Ley de Talles, hay un montón de cosas para hacer. Incluso está el Artículo 10, que habla de lo que sería el impacto de esta ley en la parte social en lo que tiene que ver con los estereotipos y cómo nos afectan a las mujeres. Pero la realidad es que todavía no se está haciendo absolutamente nada”. Dicho artículo habla sobre la difusión de la norma por parte de la autoridad de aplicación en forma conjunta con el Ministerio de Salud y Desarrollo Social, la Dirección Nacional de Defensa del Consumidor y el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI), con el fin de desarrollar actividades tendientes a la información, concientización y capacitación para su cumplimiento, como así también la realización de campañas de difusión masiva en todos los medios de comunicación. Nada de esto ocurre.

Qué dice la Ley de Talles

  • El objetivo es establecer un “Sistema Único Normalizado de Identificación de Talles de Indumentaria” (SUNITI). Esto quiere decir, unificar una tabla de talles a nivel nacional. El SUNITI es de aplicación obligatoria en todo el país en cuanto a la fabricación, confección, comercialización o importación de indumentaria destinada a la población a partir de los 12 años. Para poder realizarlo es necesario terminar previamente el mencionado estudio antropométrico.
  • La identificación del talle debe estar contenida en el pictograma correspondiente en una etiqueta adherida a la prenda, de manera cierta, clara y detallada, es decir de fácil comprensión para el consumidor.
  • Los comercios tienen la obligación de exhibir un cartel (tamaño mínimo de 15 por 21 centímetros) en un lugar de fácil visibilización, que contenga la tabla de medidas corporales normalizadas.
  • Los comercios deben garantizar condiciones de atención y trato digno y equitativo a los consumidores. Deben abstenerse de desplegar conductas que coloquen a los consumidores en situaciones vergonzantes, vejatorias o intimidatorias.
  • Ante el incumplimiento de la ley, se aplicarán las sanciones establecidas en la Ley 24.240 de Defensa del Consumidor, y la Ley 23.592, de Penalización de Actos Discriminatorios.
  • Si bien la ley no exige un mínimo de talles a comercializar por los productores o revendedores de prendas, desde AnyBody confían en que “se entienda la necesidad de la diversidad en materia de indumentaria”.

En el camino hacia la ley nacional 27.521 se aprobaron 14 leyes de talles provinciales y municipales. Las mismas eran todas diferentes y se basaron en tablas de medidas europeas. Buenos Aires es la provincia que tiene la ley de talles más antigua (la número 12.665), aprobada en 2001 y reglamentada en 2005, aunque solo pretende regular la disponibilidad de todos los talles de ropa de mujer adolescente. Mientras que en 2009 se sancionó en la Ciudad de Buenos Aires la ley 3.330, que busca garantizar la existencia de un mínimo de ocho talles en los establecimientos comerciales. Le siguieron similares en Entre Ríos, Santa Cruz, Santa Fe, Corrientes, Río Negro, San Juan, Mendoza, Chaco, La Pampa y Córdoba. Sin embargo, dichas normas jamás tuvieron el nivel de control que prometieron y hoy en día recorrer locales de indumentaria y encontrar prendas adecuadas para todos los cuerpos sigue siendo sumamente difícil. Resta esperar para ver si postpandemia los latiguillos como “Se estira con el uso”, “Es así apretadita” o “No trabajamos ese talle” dejan de escucharse de una vez en los locales y así se comienza a garantizar para todos un derecho tan básico como el poder vestirse.

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