Tragedias evitables: la necesidad de controles frente a 5 mil edificios del AMBA en riesgo de derrumbe

El fatal colapso en Miami volvió a encender las alarmas alrededor del mantenimiento de estructuras. Buenos Aires también vivió en los últimos años derrumbes de edificios enteros, de obras en construcción y trágicos desprendimientos de balcones. Los datos actuales y las recomendaciones a tener en cuenta.

Las imágenes del derrumbe del edificio de 12 pisos en la ciudad de Surfside en Miami impactaron al mundo. Gran parte de la estructura se desplomó en cuestión de segundos dejando hasta el momento 22 víctimas fatales y 126 desaparecidos. A medida que pasan los días, se van conociendo más detalles de las posibles causas. Pero desgraciadamente no es la primera vez que ocurre este tipo de sucesos. En nuestro país también lamentamos colapsos en obras en construcción – como el que ocurrió este viernes en el barrio porteño de Palermo, donde tres trabajadores resultaron heridos -, en edificios recién terminados y en estructuras sin mantenimiento adecuado, y de hecho, según el relevamiento de una ONG, actualmente existen alrededor de 5 mil edificios que «deben revisarse para evitar desastres» tanto en Capital como Provincia de Buenos Aires.

Tragedias que se repiten

En las últimas horas trascendió que la ciudad de Surfside contrató a Allyn Kilsheimer, reconocido ingeniero estructural que investigó los ataques del 11 de septiembre, para buscar la explicación del derrumbe del condominio Champlain Towers. Desde el momento de la tragedia, se ha señalado la antigüedad del edificio (40 años), la subsidencia y porosidad del terreno donde fue construido, el deterioro de los cimientos por agua salina, además de fallas de diseño y daños estructurales como posibles causas del derrumbe. Las condiciones que podrían haber interferido en el fatal desenlace son varias. Pero estos desastres, aunque ocurren con frecuencia, se pueden prevenir con los debidos controles y cuidados.

En los últimos 50 años, Argentina lamentó varios y algunos de enorme magnitud, como el del 10 de junio de 1970, noche que con un ruido ensordecedor se derrumbó un edificio de 14 pisos en el barrio de Barracas, en Montes de Oca 680, ocasionando 31 víctimas fatales. El edificio se desplomó hacia el centro de la manzana luego de crujir y retorcerse. Si bien había una orden de desalojo del mes de febrero, alrededor de 10 familias se habían negado a abandonar el inmueble. Había sido uno de los copropietarios del edificio quien había denunciado ante las autoridades policiales que el inmueble corría serio riesgo de derrumbarse. En ese momento trascendió que tres columnas del sótano habían cedido y que se había resquebrajado el revestimiento de mármol que estaba ubicado en el portal. Sin embargo, los vecinos no temían por el derrumbe, sino perder sus hogares en un desalojo masivo. El 27 de mayo de 1970 el secretario municipal de Obras Públicas, Manuel Acuña, señalaba: “El edificio de Montes de Oca 680 no está en peligro de derrumbe, pero conviene apuntalarlo y consolidarlo como medida de seguridad, antes de permitir su ocupación”. También hizo saber que se había autorizado el tránsito de vehículos por la zona. Se creía que las 65 familias desalojadas pronto volverían a ocupar el espacio. Diferentes fuentes afirmaban por aquellos días de forma imprudente que no existían  “posibilidades de derrumbe” y debido a ello, muchas familias optaron por regresar al edificio. El saldo fue terrible y aún conmociona a cinco décadas. Cabe recordar que ese mismo año, meses antes, había colapsado un edificio en obra en French 2862, sepultando a dos personas.

Tiempo después fue noticia la caída del edificio de la Asociación Bancaria, en Sáenz y Caseros. Hubo desprendimientos de materiales, roturas de vidrios de las ventanas, hasta que los siete pisos se desmoronaron estrepitosamente dañando, además, a dos casas vecinas y a una estación de servicio. Las viviendas estaban a días de ser ocupadas, por lo que el hecho de que aún permanecieran vacías  evitó que hubiera víctimas.

Más cerca en el tiempo se encuentra el derrumbe de Bartolomé Mitre 1232, ocurrido el 4 noviembre de 2011. Los vecinos del edificio de diez pisos empezaron a ver rajaduras y se autoevacuaron. Poco después, se desplomó el cuerpo de departamentos que daba al pulmón de la manzana. Isidoro Madueña,  un hombre de 74 años que vivía en el tercer piso, no pudo escuchar la alarma del encargado debido a un problema hipoacúsico. Murió durante el colapso del inmueble y su cuerpo fue hallado entre los escombros tres días después. Al lado se realizaba una obra. El motivo del derrumbe fue la profunda excavación que se hacía en el terreno lindante al edificio que, por el tipo de construcción y la  época en que fue erigido, no tenía cimientos los suficientemente profundos. Tras cinco años, la Cámara Nacional en lo Criminal confirmó los procesamientos de los responsables de las obras en construcción por “estrago culposo agravado” por la muerte de una persona.

Un año antes (agosto de 2010), también por negligencia en las tareas de excavación en una obra vecina, se había desplomado el edificio de dos plantas de Mendoza 5030, donde funcionaba el gimnasio Orion Gym. En aquella tragedia de Villa Urquiza murieron tres personas y 11 resultaron heridas. La obra ya había producido temblores. El Gobierno de la Ciudad había asegurado en un primer momento que estaba todo en regla, pero la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA) denunció que tenía problemas estructurales. Días después se confirmaron las fallas graves en la excavación que derivaron en el colapso, razón por la que el entonces jefe de Gobierno porteño, Mauricio Macri, despidió a Oscar Ríos, el titular de la Agencia Gubernamental de Control.

Ese mismo año, un mes después del hecho, se sancionó en la Legislatura porteña la ley 3562 que establece la obligación del Gobierno de inspeccionar todas las obras en construcción durante las etapas de demolición y excavación. Luego, con el mencionado colapso del edificio de la calle Bartolome Mitre las discusiones sobre las inspecciones en etapa de demolición y excavaciones en la Ciudad se reavivaron. Para hacer las excavaciones más seguras, desde el 2013 el Código de Edificación porteño habilita el uso de anclajes de tracción en las submuraciones de las obras de construcción. Esta técnica libera completamente la obra de las molestas interferencias que solían producir los apuntalamientos internos.

Pero aunque, según los especialistas, la mayoría de veces fallan los cimientos por causas externas al edificio en cuestión, también puede ocurrir por irregularidades del mismo. Como en el caso del edificio que se derrumbó en 2019 sobre la colectora de General Paz, en Tres de Febrero, faltando poco para finalizar la obra. El colapso de los ocho pisos milagrosamente no provocó víctimas ni heridos. Ningún vehículo transitaba por el lugar ni había peatones; las viviendas cercanas estaban abandonadas y no tuvieron daños mayores. El edificio había tenido diez inspecciones previas y el 13 de agosto de 2018 los responsables de la obra habían sido multados con $45.000 por diversos incumplimientos.

Riesgo de derrumbes en Buenos Aires

A pesar de que la seguridad en materia de construcción y las regulaciones avanzaron, lamentablemente estos hechos podrían repetirse pronto. Así lo creen desde la ONG Defendamos Buenos Aires, que realizó un relevamiento con la asistencia del Estudio Miglino y Abogados y sacó a la luz que en la región del AMBA existen alrededor de 5.000 edificios que «deben revisarse para evitar desastres».

El estudio indica que en Capital Federal existen «al menos 4.200 edificios, con una edad promedio de 40 años cada uno, que deben revisarse para evitar desastres como el de Miami», mientras que en Provincia de Buenos Aires «los edificios en riesgo son 800». «Los vecinos nos han alertado sobre importantes daños estructurales en la losa de hormigón, grietas y desmoronamientos en columnas y vigas y particularmente señales de deterioro en las paredes y pisos de los diferentes estacionamientos, que son al fin y al cabo el primer sostén de todo el edificio», explicó el director de la citada ONG, Javier Miglino.

Ya en 2019 la misma ONG denunciaba que había 4.000 obras en peligro, días después de que un derrumbe en el barrio de San Cristóbal le costara la vida a un hombre de 32 años, sonidista de la Televisión Pública, que murió aplastado por los escombros. En el edificio, situado en Pavón 3062, casi esquina La Rioja, funcionaba un supermercado en la planta baja y una vivienda en el primer piso. En ese momento el director de Defendamos Buenos Aires aseguraba que sobre 12.000 obras en construcción que había en la Ciudad, 4.000 no cumplían las normas de seguridad y que la Agencia Gubernamental de Control “en realidad no controla nada”. “En las dos  gestiones de gobierno de Mauricio Macri y en ésta de Horacio Rodríguez Larreta se produjeron 26 derrumbes mortales con al menos 32 muertos, 220 heridos y daños por un valor de 500 millones de pesos”, sostenía.

Pero además del colapso total de las estructuras, también se debe hablar del desprendimiento de balcones y mampostería, que en numerosas ocasiones provocaron graves heridas y muertes. Como en diciembre de 2018, cuando una terraza que no estaba en condiciones cedió y arrastró los balcones del primer y segundo piso de un edificio en Punta Mogotes, Mar del Plata. Los restos de mampostería cayeron justo en el momento en que Agustina Ferró de 35 años y su hija menor, India Luzardi, de sólo 3, pasaban por la vereda, quienes fallecieron por los escombros. Hechos lamentables como este – aunque se producen también en la Ciudad de Buenos Aires y el Conurbano bonaerense – son más frecuentes en la Costa atlántica, muchas veces porque el salitre corroe y deteriora el acero que forma las estructuras.

En enero de 2020, la fachada de un edificio frente a la costanera de Villa Gesell se quedó con tres balcones menos. Las losas se cayeron en medio de una tormenta, de madrugada, sin provocar víctimas. La construcción data del año 1976 y su fachada había sido pintada recientemente. Sin embargo, ese tratamiento cosmético no alcanzó para revertir el daño que el ambiente marino había ocasionado a las armaduras en el interior de la estructura. Tras ese incidente, Defendamos Buenos Aires analizó 4.000 edificios de las localidades de Villa Gesell, Pinamar y Mar del Plata bajo el objetivo de «certificar el estado de los balcones de edificios en un radio de 10 cuadras hasta la playa». De esta manera, se encontraron fallas con «peligros de derrumbe» en un total de 1.100 balcones.

En “La Feliz” el último episodio fatal data del 31 de julio del 2020, cuando María Gómez, de 48 años, perdió la vida al sufrir el impacto en la cabeza de un trozo de revestimiento mientras caminaba junto a sus dos hijos -que se salvaron de milagro – a pocos metros de La Rambla. “El aire salino que genera la proximidad con el mar es lo más grave porque genera corrosión en el acero. El acero, al corroerse, aumenta su volumen y eso rompe todo lo que está alrededor. Así puede estallar el hormigón o puede haber desprendimientos de revoques, que es lo que se ve normalmente”, explicó a Página12 Eduardo Agüero, el presidente del Colegio de Arquitectos Distrito IX.

Ahora, ante la posibilidad de que el edificio de Miami haya colapsado por su cercanía al mar, profesionales piden más controles por parte de los municipios para los edificios que se construyen en la Costa bonaerense. El presidente del Colegio de Ingenieros de la provincia de Buenos Aires, Norberto Berliera, explicó que la proximidad al mar ya representa un riesgo para las construcciones y agregó que este se puede acrecentar si está acompañado de una mala calidad del hormigón.

Igualmente varios especialistas sostienen que no es probable que un hecho como el que ocurrió en Estados Unidos suceda en la Costa atlántica dadas las diferencias entre los suelos de uno y otro lugar. El vicepresidente del Colegio de Arquitectos de la provincia de Buenos Aires, Claudio Moretto, remarcó que «las condiciones del suelo son totalmente diferentes en Miami que en nuestra costa, incluso hay diferencias edilicias entre Mar del Plata y Santa Teresita, ya que no tienen las mismas características». Mientras que el expresidente de Estudiantes de La Plata, Enrique Lombardi, autor de los proyectos de los estadios de Estudiantes, Independiente y Santiago del Estero, explicó que “una gran diferencia para marcar entre los suelos es que en Miami es arena con agua y en nuestra costa tierra con agua, lo que permite trabajar sobre una base mucho más sólida».

Recomendaciones a tener en cuenta

Para evitar estos accidentes, además de los necesarios controles del Estado con profesionales idóneos, la Dirección General de Guardia de Auxilio (que actúa en la Ciudad ante el peligro de caída de cualquier elemento como componentes de frentes, ya sean balcones, marquesinas, mamposterías o cualquier otro que forme parte de un edificio) brinda una serie de recomendaciones a tener en cuenta como: no colocar maceteros ni macetones sobre los bordes de balcones y voladizos, ya que constituyen un aumento del peso a soportar para la estructura existente;  revisar periódicamente el estado del revestimiento de los frentines y parapetos de los balcones; también el estado de las barandas metálicas (sobre todo su empotramiento en el piso del balcón) a modo de evitar su oxidación, ya que esto genera espesor y por lo tanto empuja parte de la mampostería hacia la acera; y verificar el correcto drenaje del agua de lluvia, sobre todo cuando se trata de un embudo de desagüe.

Además, se recomienda revisar periódicamente las fachadas para detectar posibles deterioros, revoques flojos, carpinterías oxidadas, elementos sueltos, cornisas con fisuras y molduras en general, y reparar las fisuras que se puedan detectar en los elementos ornamentales para evitar el acceso de agua de lluvia y por lo tanto la degradación de los hierros de amarre al muro de frente, patología que genera una inesperada caída de estos elementos.

A su vez la Guardia de Auxilio recomienda en terrazas de gran superficie hacer juntas de dilatación correctamente calculadas de acuerdo a la superficie de la cubierta para evitar fisuramientos, que a su vez generan filtraciones; en terrazas, balcones y pisos sellar todas las juntas con material elástico y tapar las fisuras existentes para evitar las filtraciones, las que pueden causar el desprendimiento de cielorrasos y alteración del circuito eléctrico; y mantener libres de elementos extraños las canaletas de desagüe de los techados, ya que ésta es otra forma de anegamiento en días de fuertes lluvias.

Mientras que en caso de una obra lindera en etapa de construcción, los vecinos deben verificar si se producen fisuras en pisos y paredes. En ese caso llamar de inmediato a la línea de emergencias 103 para que profesionales especialistas en el tema evalúen el riesgo e intimen a los encargados de la obra a dar solución a su situación edilicia.

Cabe destacar que en Capital el renovado Código de Edificación entró en vigencia en enero de 2019, con la reglamentación de la Ley 6100/18, que estableció las obligaciones de administradores y consorcistas. En este sentido, los propietarios de inmuebles están obligados a acreditar una certificación técnica del estado del fachada con una periodicidad según el siguiente esquema: si la antigüedad del edificio es de 15 a 25 años, la primera vez a los 15 años; de 25 a 35 años cada 12; de 35 a 45 años cada 10; de 45 a 55 años cada 9 años; de 55 a 70 años, debe ser cada 5 años; y si el inmueble tiene más de 70 años, las inspecciones deben ser cada 4 años.

Según información de la Agencia Gubernamental de Control, entre 2017 y 2018 recibieron 1.008 reclamos advirtiendo riesgos de desprendimientos y accidentes, lo que da un promedio de 1,4 por día. La Comuna 1 es la que más acumuló, con 107, lo que se explica porque incluye al Casco Histórico y la mayor cantidad de edificios más antiguos. Le siguió la Comuna 13, la de Belgrano, Núñez y Colegiales. En algunos consorcios de edificios los gastos relacionados al mantenimiento de fachadas se posponen, lo que puede resultar, como vimos, en consecuencias desastrosas. Por lo que en el caso de que no se cumpla con la normativa de proteger las fachadas hay penas de distinto alcance.

Como señalan continuamente los especialistas, el deterioro de las construcciones no es de un día para el otro, y las señales se advierten en las manchas de humedad o en las filtraciones que oxidan los perfiles de hierro y con el tiempo provocan fisuras y grietas, fracturas o desprendimientos progresivos de hormigón, revoque o mampostería. El hormigón, por ejemplo, es considerado un material “noble” ya que le da un elemento rígido a la estructura que rápidamente da señales cuando tiene alguna falla, avisando de antemano cuando una construcción va a colapsar. El lamentable derrumbe en Miami es un llamado de atención que vuelve a poner en agenda la necesidad de ampliar las normativas vigentes para que haya un mantenimiento más estricto y no tengamos que lamentar la pérdida de más vidas en tragedias prevenibles.

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